Bueno, ¡Hola! Ya estoy en mi casa, de hecho, acabo de llegar, he colocado todas las cosas, y cómo dije,
¡Toca maratón!
Subiré ahora uno, tal vez otro al medio día o así, y otro a la tarde. ¡No lo sé! Pero obviamente, subiré tres capítulos.
¡Ahora os dejo con este capítulo!
¡Disfrutad, comentad y votad, pls!
Os quiero, ♥
~~~~
ANTERIORES CAPÍTULOS…
-David (DAV): ¿Sí?
-Silvia (SIL): No te lo vas a creer, David. Tienes que hacer algo. Por cierto, soy Silvia. –dije rápidamente.
-DAV: A ver, habla más lento, que no te entiendo. –dijo riendo.
-SIL: Es mejor que no rías. –dije con un tono de voz que no era nada parecido al mío.
-DAV: ¿Qué pasa?
-SIL: ___ se va de Granada por lo que ha pasado contigo. –dije rápidamente. Pero sabía que me había escuchado a la perfección.
CAPÍTULO 13 – ‘’¿Te puedo abrazar?‘’
Narra David
¿Cómo? ¿Ella se iba? No. No podía estar ocurriendo esto. Cada más rato que pasaba más me iba culpando de haberle dicho eso. Ella no se podía ir de Granada. Soy tonto. Tonto. Tonto. Tonto.
-SIL: ¿David? ¿Estás ahí? -dice al otro lado del teléfono. Escuchaba esa voz que escuché cuando pasó lo de Jesús. Esa voz que tenía al haber estado llorando.
-DAV: Sí. -digo. Era lo único que pudía decir. Las lágrimas no paran de salir de mis ojos. Son incontrolables.
-SIL: Si te das prisa... -para para coger aire. -La puedes encontrar aún. Tal vez aún está en... -para de nuevo. -en Granada.
Me levanto de la cama de un salto, con aún lágrimas en los ojos.
-DAV: Nos vemos luego. -digo colgando rápidamente el teléfono.
Cómo aún no había salido a la calle en todo el día, me cambio de pantalones rápidamente y me quito la camisa. Cojo una del armario, y me la voy poniendo mientras bajo las escaleras. Cojo unos zapatos y me los pongo.
-David: Mamá, adiós. -salgo corriendo de casa dejando atrás los gritos de mi madre.
Llego rápidamente a casa de Silvia, dónde había estado ___ hace unos minutos. Empiezo a correr desde ahí hasta su casa. Voy corriendo hasta que la veo. Me paro y voy andando. Está a unos metros delante de mí. Va preciosa. Cómo siempre. Sabía que era hora de parar esto. Con suerte, tal vez no se fuera de Granada.
-David: ¡___! -grito. Pero no me escucha. -¡___! -grito de nuevo. Esta se gira y me mira con lágrimas en los ojos. Me acerco a ella.
Ella está quieta. Ella está pálida. Ella tiene lágrimas en los ojos. Ella había llorado por mí. Está llorando por mí. Me siento la peor persona del mundo.
-___: David. –susurra con apenas un hilo de voz.
-David: ___. –susurro como ella acababa de hacer. ___ llora sin parar. Se limpia las lágrimas con las manos. –Quieres… -tartamudeo. -¿Te puedo abrazar? –Ella me mira sorprendida mientras se limpia las lágrimas. Hace una media sonrisa. Se quita las manos de la cara y asiente.
-___: Claro… claro que puedes. –tartamudea como yo acabo de hacer segundos atrás.
Nos abrazamos cómo nunca antes lo habíamos hecho. ___ se tira a mis brazos y llora en mi hombro. Esta solloza seguidamente. Dejando mojada la camiseta que llevaba puesta. Pero en ese momento me daba igual. David Martín y ___ Stewart estaban abrazados. Estábamos abrazados. Podría estar así toda mi vida y no me cansaría. ¿Quién se cansaba de ___? Nadie podría cansarse de oler su perfume. De estar abrazada a ella, de besarla, nadie podría cansarse de ella. Nadie. Absolutamente nadie.
La gente que pasaba por allí, nos mira y sonríe. Otra, simplemente, ni nos mira.
Pero me da igual. Aquí estamos nosotros dos abrazados. Descargando las lágrimas que nos faltaban por salir.
___ deja de llorar y se seca las lágrimas que aún quedaban en sus mejillas ahora rojas, por llorar.. Me mira y miro sus ojos, también rojos de tanto llorar. Pero ya no hay ninguna lágrima en las mejillas. Me alegro. Espero que no llorase más. Me abraza de nuevo.
Hubo un momento en el que llego a pensar, que ___ se iba a deshacer de mis brazos cuándo levanta la cabeza. Y sí, estaba en lo cierto. Ella intenta taparse la cara con el cabello, pero yo, con mis dos manos le aparto el cabello y le pongo algunos mechones ''rebeldes'' detrás de las orejas, para poder apreciar muchísimo mejor su preciosa cara.
Miro su cara. Está llorando de nuevo. Me acerco a ella y le susurro.
-David: Si no estás conmigo, me muero. –susurro en su oreja. Esta se aparta de mí y sale corriendo. La veo desde lo lejos, correr. Le hago señas con las manos para que pare, ya que no mira enfrente suyo, si no, que me mira a mí. Yo estoy allí parado viendo justamente cómo el amor de mi vida pasa por un paso de cebra y un coche a la misma vez. Yo, David Martín Lafuente estoy viendo cómo atropellan al amor de mi vida.
Narra ____
Salgo de casa de Silvia con la pregunta de si estoy haciendo lo correcto. ¿Es correcto irme de Granada? Sí. Claro que lo es. No puedo seguir más así. No puedo seguir aquí.
Salgo de casa y escucho a alguien que decía mi nombre. Había miles de personas que se llamaban como yo. Seguramente no era yo. Pero... a la segunda vez que lo dijo... Escucho la voz de esa persona. Es David. Me giro y lo veo con lágrimas en los ojos.
Seguramente Silvia le dijo que me iba a ir de aquí. Pero me da igual. No me molesta, es una simple tontería de nada. No me voy a enfadar con Silvia. Él se acerca lentamente a mí. Siento muchas ganas de abrazarlo. Pero no. No voy a decirle que lo quiero abrazar. Si nos abrazamos, que fuese porque saliese de él.
-___: David. –susurro con apenas un hilo de voz.
-David: ___. –susurra como lo acababa de hacer. Yo lloro sin parar. No pueden dejar de salir lágrimas de mis ojos. Esta situación me atormenta. No puedo seguir con esta situación. No puedo llorar más. Intento no llorar. Intento parar de llorar. Pero el tenerlo delante me hacía que me saliesen las lágrimas solas. El intento de parar de llorar, se vuelve imposible. –Quieres… -tartamudea David. -¿Te puedo abrazar? –Le miro sorprendida mientras me limpio las lágrimas con la mano. Sonrío un poco y me quito las manos de la cara.
-___: Claro… claro que puedes. –tartamudeo como él acaba de hacer.
Nos abrazamos cómo nunca hemos hecho. Ese abrazo era especial. Pero sabía que tarde o temprano se acabaría. No puedo estar abrazándole. Me duele por dentro el saber que me había hecho tanto daño… Ojalá no acabe nunca. Ojala no hubiera pasado nada de esto. Ojalá este abrazo fuera de esos eternos. Eternos de esos que nunca se acaban. Pero nada era eterno.
Nada era eterno. Nada. Y cuando digo nada, es nada. Muchas veces queremos que algo sea eterno, pero ocurre todo lo contrario.
Dejo de llorar y me sequo las lágrimas. No vale de nada llorar. Miro a David, este, parecía alegre. Cuándo le veo la cara, le abrazo de nuevo queriendo, de nuevo, que esto no se acabe nunca.
Que nunca se acabe este abrazo, por favor.
Pero… ¿Qué hago abrazando a David después del daño que me ha hecho? Tenía que perdonarlo, pero no aún. Aún no me había demostrado suficiente.
Me separo de él e intento esconder mi cara con el cabello. David, con sus dos manos me aparta el pelo y me lo pone detrás de las orejas.
David ve que estaba llorando de nuevo. Se acerca a mi, y me susurra…
-David: Si no estás conmigo, me muero. –susurra en mi oreja. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Me aparto de él y le miro por unos segundos.
Estaba claro que si sigo a su lado, me puede hacer aún más daño. No era bueno tener a un amigo, que ese amigo te guste y te dijese que le gusta alguien.
¿Y es que, a quien no le ha pasado eso?
Pero, lo peor de todo, era que me había hecho crearme ilusiones que no valían para nada.
Aparto mi mirada de sus ojos, y rápidamente los miro de nuevo. Lo miro triste y empiezo a correr. Este me mira sorprendido. Lo sé. Pero él está parado. Miro a David mientras corría.
Él me hace señas con las manos para que parara, pero no le hago caso. Miro al frente y veo a un coche. No hay metros. Ni centímetros. Ni nada de distancia. Yo estoy delante de ese coche. El coche intenta frenar, pero ya es demasiado tarde. Yo, ___ Stewart estoy siendo atropellada por un coche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario